jueves, 18 de octubre de 2007

Cibersexo muy real

¡Qué mala suerte tengo! ¡Necesitaba un ordenador para un trabajo de clase y, aunque parezca la típica excusa que se le da al profesor, un virus entra en mi ordenador, y ni puedo buscar información en Internet, ni puedo redactar, ni puedo imprimir! Menos mal que acababan de abrir un local de esos que son una especie de mezcla entre papelería y cibercafé, y, aunque no iba a ser barato entre el alquiler del ordenador y la impresión, no tenía otro remedio. Llegué allí y vi que en este lugar, los ordenadores estaban dentro de unas cabinas privadas, cosa que la verdad me pareció muy buena idea, así podría trabajar más tranquilo.

Entré en mi cabina, me conecté y ahí estaban mis compañeros, algo enfadados conmigo por haber tardado tanto en conectarme, ya pensaban que quería escaquearme del trabajo. Una vez aclarado el malentendido, nos pusimos a trabajar. La verdad es que resultó ser bastante duro, pero al cabo de tres horas, por fin lo terminamos. Mis amigos se despidieron, ya que me tocaba imprimir a mí, y cuando estaba a punto de hacer clic en “imprimir”, cuando oí que alguien se había conectado. Miré quien era y era ella… Berenice. Berenice es una chica mexicana que yo había conocido en un Chat hace un par de años, y solíamos “relajarnos” a veces con cibersexo por webcam. Empezamos a hablar y le comenté que estaba algo nervioso por el trabajo, que no pensaba que estuviese bien del todo, y ella trató de tranquilizarme y de animarme, diciéndome que todo estaría bien, y que si era tan bueno en mis estudios como subiendo su temperatura, todo iría bien. No pude evitar una carcajada, y seguimos bromeando sobre el tema, hasta que la temperatura empezó a subir. Decidimos encender las webcams, y allí estaba ella, una chica morena, ojos y pelo oscuro, con una camiseta ajustada que marcaba sus dos preciosos pechos. Inclinó algo su cámara y se enfoco a los pechos, que empezó a manosear, y yo hice lo mismo, enfocando a mi paquete.

Íbamos a seguir, cuando de repente en la pantalla salió el aviso de que se me acababa el tiempo de alquiler. Así que le pedía a Berenice que me esperara un momento, que volvía enseguida, diciéndole que estaba en un ciber, y me dijo que no me preocupase, que ella también tenía que ir a pagar otro tiempo para seguir. Salí de mi cabina, y me di de bruces con una persona conocida, pero totalmente inesperada…¡Berenice! La mujer que había conseguido excitarme tanto a través de una webcam, estaba enfrente de mí. Ella, aunque no tanto como yo, también se llevo una buena sorpresa, y me dijo que había venido por una beca de estudios, y que tenía pensado decírmelo, pero acababa de llegar y aún no había encontrado ningún sitio fijo para establecerse. Nos quedamos un momento en silencio, y le dije de irnos a tomar algo, pero ella me comentó que no, que no le iba a dejar con la miel en los labios. Se fue al mostrador a pedir más tiempo en mi cabina, y me arrastró de la mano dentro de la misma. Aquello no es que fuese especialmente amplio, pero cabíamos los dos bastante bien.

Empezamos a besarnos, ella acariciando mi paquete, aun duro por la visión que había tenido poco antes por la webcam, mientras yo tenía en mis manos ese culito respingon y firme que tantas veces había conseguido ponerme a cien a través de la pantalla de mi ordenador. Le quité la camiseta roja que llevaba, y mientras yo hundía mi lengua entre sus tetas y metía mi lengua por el canalillo, ella me desabrochaba el pantalón y lo dejaba caer, metiendo su mano debajo de mi boxer, y acariciándome un miembro cada vez más duro. Le quité el sujetador, que mostraron ante mí sus dos pechos, con los cuales había tenido fantasías, y no pude evitar comenzar a morder esos dos pezones duros y oscuros que tenía ante mí, mientras mis manos desabrochaban también su pantalón, y acariciaban una suave mata de vello púbico que cubría su rajita. Ella se agachó, y bajándome el boxer, agarró mi polla y, besando la punta, se la introdujo poco a poco en la boca, jugueteando con la lengua y recorriendo cada centímetro de arriba abajo, así como mis huevos, cada vez más hinchados de excitación. Así estuvo varios minutos, cuando me di cuenta que estaba siendo bastante egoísta, así que, suavemente, le puse de pie, le quité un pequeño tanga amarillo que llevaba, y le pedí que se sentara en la silla, apoyando sus piernas en los reposabrazos, dejando ante mi un precioso coñito, no demasiado grande, pero que casi me llamaba.

Empecé a pasar muy lentamente la punta de la lengua por toda su rajita, desde el vello púbico hasta la parte más baja. Después volvía a pasar más fuerte, presionando bien por su clítoris y después metiendo la lengua dentro de ella. Así fui hasta que empecé a darle fuertes lametones, y de golpe, me detuve en su clítoris, con el que empecé a jugar, a darle vueltas con la lengua, mientras conseguía introducir tres dedos dentro de ella sin ninguna dificultad, hasta que finalmente Berenice se corrió, pero aun tenía ganas de marcha. Se puso de pie, y esta vez hizo que me sentase yo, y tras hacerme chupármela aproximadamente un minuto, comenzó a besar mi pecho, y mi cuello. Yo cerré los ojos, cuando noté que apoyaba sus tetas en mi pecho, y que algo muy caliente y húmedo aprisionaba mi miembro, duro de la excitación. Así fue hasta que llego al final, y cada uno de mis 18 centímetros estaban alojados dentro de ella. Pero el éxtasis llego cuando empezó a moverse. Primero fue muy lentamente, disfrutando cada segundo, mientras yo lamía y mordía sus pezones, y ella gemía suavemente, como mimosa. Poco a poco fue acelerando, y yo también me movía, haciendo que nuestros cuerpos disfrutasen el uno del otro. Sus pechos saltaban ante mi cara y yo los agarraba, los apretaba, mientras los dos gemíamos de placer, como si nos fuese la vida en ello. Berenice no tardó mucho en terminar, notando yo como su humedad aumentaba sobre mi pubis, y yo le dije que no iba a aguantar tampoco mucho más. Ella pidió que lo hiciese, y en un rápido movimiento, salto de mi, y agachándose y pidiéndome que le avisase, empezó a chuparme el miembro con mucha fuerza y mucha rapidez, masajeando con una mano la polla conforme salía de su boca, y con la otra los huevos, hinchadísimos en ese punto. Al poco tiempo yo no pude más, le avisé, y masturbándome con fuerza, apuntó entre sus pechos que fue donde lancé todo mi semen en gran cantidad, deslizándose este entre sus pechos hasta su vientre. Agotados los dos, Berenice apoyó la cabeza sobre mi vientre, y así nos quedamos los dos unos cuantos minutos descansando.

Vimos como en la pantalla del ordenador hacía una señal como que el tiempo de alquiler terminaba, así que decidimos vestirnos, y tras darle a imprimir a mi trabajo, que había pasado en esos momentos a un segundo plano, salimos, esperamos a que la impresión se completase, y salimos. Invité a Berenice a que pasara esa semana conmigo, estaba solo ya que mis padres se habían ido de viaje, y así al menos podría estar un tiempo sin necesidad de pagarse una pensión. Tras resistirse un poco, aceptó, y esa noche la pasó conmigo, haciéndolo buena parte de la misma. Esa semana fue todo un frenesí de placer con mi mexicanita, haciendo realidad todas las fantasías que habíamos mencionado a través de Internet, y muchas otras. Para que luego digan que el cibersexo no aporta emociones fuertes.

El metro

El relato que les voy a contar me paso hace mas o menos dos semanas, para empezar les voy a decir que no soy un chavo excesivamente guapo ni musculoso ni nada por el estilo si no soy como otro cualquier chavo de 18 años del montón.

Era un martes como las 10:30, iba a la escuela ya que sé me havia hecho un poco tarde, para llegar necesito ir en metro, al subirme percate que frente de mí estaba una chava, la cual era morenita como de 23 años, tenia buen cuerpo ya que tenia unos bonitos ojos, pechos medianos, se notaban que eran firmes ya que casi no se le movían con algunos movimientos bruscos del metro, y al parecer tenia frió ya que se le notaban como si sus pezones se fueran a salir de la ropa, ya que se le marcaban mucho, su pezón era grande y muy llamativo, por lo cual me fui sumiendo cada vez mas en ver sus senos, en una de esa nuestras miradas se cruzaron, yo me sentí muy avergonzado ya que se había percatado de lo que yo estaba observando, pero mi sorpresa fue mayor al ver que solo le causo risa, a medida de que iban pasando las estaciones el vagón se iba que dando mas solo cada vez hasta que solo havia como cinco personas. Faltaban cuatro estaciones para que llegáramos a la ultima estación cuando empecé a imaginarme que lo mejor seria hablarle y a lo mejor podría ocurrir algo, pero no me atrevía ya que me daba un poco de miedo ya que era mayor que yo.

Dos estaciones antes del final tome la decisión de hablarle por lo cual me le acerque y le dije:

- Perdón que te interrumpa pero me gustaría saber el nombre de tan bella mujer.

Y ella me dijo:

- Enserio quieres saber mi nombre o es otra cosa por la cual te haz atrevido a hablarme

Me quede pensando por un breve momento y le conteste con cierta inquietud que si, para lo que ella me volvió a preguntar:

- ¿Pensé que tu intención seria otra por la forma que me haz estado mirando todo el camino?.

Para lo cual ya no pude mentir y le dije que la verdad le hablaba por otro motivo, con lo que me hizo una sonrisa muy bonita con lo que me dijo que así le gustaba que los hombres fueran sinceros, con lo cual me dio mas valor para poder decirle que la hable por que me gustaría tener sexo con tigo. Al decirle esto ya aviamos llegado a la ultima estación por lo cual se disponía a bajar, por lo cual la agarre de la mano y le dije que decía de mi propuesta y antes de que me contestara le di un beso en la mejilla y un segundo beso en la boca con el cual nos mantuvimos un rato con el beso, y decidimos quedarnos en el vagón sin importar que ya aviamos llegado a la base.

Después de esto al estar adentro nos quedamos observándonos un momento y después empezamos con otro beso pero con la diferencia de que este era mas apasionado que el anterior y con mas dulzura, lo cual fue un muy buen beso, con el tiempo del beso empezamos a sentir mas atracción y empecé por besarle el cuello centímetro a centímetro, hasta llegar a los hombro, con lo que decidí ver de cerca esos hermosos pezones que me avían cautivado con lo cual decidí a desabotonar uno por uno los fotones de su blusa hasta que se la quite y descubrí que traía un brasier blanco muy bonito ya que era de esos que te permiten ver gran parte del pecho, con lo que decidí a volver a besar alrededor del brasier y por encima de el, cada vez que lo hacia trataba de pasar mi lengua también por su cuerpo, mientras con mis manos acariciaba sus dos nalguitas que se sentían muy firmes y duras, con esto decidí desabrochar su pantalón, y se lo fui bajando poco a poco y en el transcurso de que se lo iba bajando la iba besando por encima de su pantaleta la cual era blanca y de encaje lo cual me permitía apreciarla muy bien, después de que le baje su pantalón ella decidió a quitarme mi playera y a la vez que me la quitaba me besaba el abdomen, lo cual a mi me encanta que hagan.

Después decidí quitarme mi pantalón ya que la tenia bien parada y no quería que estuviera tan apretada, le quite su brasier y le empecé a besar otra vez sus senos y mordisquear sus pezones con gran suavidad como si fuera un caramelo me empecé a comer su pezón, ella lo disfrutaba mucho ya que se le veía en su cara, empecé a besar todo su cuerpo hasta llegar a su pantaleta la cual se la baje con gran delicadeza, y empecé a besarle su conchita después la senté y le separe sus labios y empecé a pasar mi lengua un poco lento pero con el tiempo fui subiendo de velocidad con lo que solo se escuchaban sus ruido de placer, me dispuse a sobarle sus senos mientras seguía chapándosela mientras con una de mis manos empecé a acariciar su nalga. Después de un rato de pasarle mi lengua y entre lapsos mordisquear suavemente su clítoris empezó a moverse con mayor pasión y jadeando de placer ya que al parecer se iba acorre después de correrse decidí voltearla y empezar a mordisquear sus nalguitas, las despegue un poco y pase mi lengua entre ellas dos con lo cual le hice sentir una sensación diferente ya que se le vio en su expresión que realizo y con esto me éxito mas ya que vi que lo estaba disfrutando, con lo cual decidía a penetrar en la forma que estaba. Boca abajo, empecé a penetrarla poco a poco para que así la disfrutar, al meterle solo la cabeza y moverla un poco mas empezó a decirme que se la metiera toda que ya la quería sentir adentro y disfrutar de aquel gran placer y opte por terminar introduciéndosela y empezar a moverme y empezó ha soltar jadeos con una voz muy tenue, mientras que con mis manos seguía sobando y pellizcando sus pechos y pezones, después de un lapso me vine, con lo cual decidí sacársela, con lo cual ella me dijo quieres que te la limpie, y empezó a practicarme el oral lo cual empezó con darme lengüetazos en la puntita y después pequeñas chupadas como si fuera una paleta y después se la metió en la boca y empezó con sus movimientos lo cual me hizo un gran oral y lo disfrute mucho, después de que termino nos sentamos en un asiento desnudos y observándonos, al parecer el metro iba a tardar en salir ya que seguía sin movimiento pero ya fuera de la estación quien sabe donde estábamos pero solo me importaba lo que habíamos hecho.

Después de un rato de descanso empecé a besarla otra vez ya que me excitaba mucho en la situación que nos encontrábamos, nos volvimos a introducir en la pasión otra vez, pero con la diferencia que yo la quería penetrar por atrás, con esto decidí a separarle las nalguitas y empezar a pasar mi lengua haciendo círculos, le introduje un dedo en su boca y ella empezó a chuparmelo con lo que conseguí la forma de lubricar su pequeño ano con lo cual le introduje un poco de m dedo que ella haba chupado, con lo que hizo un movimiento como si no le hubiera agradado mucho pero después de un rato que empecé a meterle mas de mi dedo y al parecer lo empezó a disfrutarlo, con esto saque mi dedo y chupe otro y le introduje dos después de hacer unos movimientos con los dos dedos los saque y me dispuse a meterle mi verga con lo que empecé con la cabeza nada más. Yo digo que nunca lo había hecho ya que soltó un grito un poco fuerte con lo cual le pregunte si quería que se la sacara con lo cual dijo que no ya que sentía un pequeño placer lo cual le gustaba poco a poco se la fui introduciendo toda para que no le doliera.

Después de que ya la tenia toda adentro se la deje un rato sin moverla, hasta después empecé a moverme con lo cual empezó a soltar pequeños grito, de dolor y a la vez de placer con lo cual termine viniéndome dentro de ella y antes de que la empezara a sacar, el metro se empezó a mover con lo cual se la saque con gran rapidez para que nos vistiéramos y nadie se diera cuenta de lo ocurrido con lo cual nos cambiamos a gran velocidad pero yo me quede con sus pantaletas como un pequeño recuerdo de esa experiencia. El metro al llegar a la estación nos bajamos como si nada pero por la mirada de la gente que esta va subiendo nos percatamos de que estaban pensando lo que ocurrió en el vagón ya que es raro que la gente se quede dentro del vagón al llegar a la base.

Después de esto ella solo me dijo adiós fue un bello momento y nos despedimos, a lo cual ya era muy tarde y yo ni siquiera entre a mi clase, creo que esta fue una buena experiencia por el lugar en que lo hice ya que a pesar de que en otras ocasiones e tenido relaciones nunca lo había disfrutado como esta no sé si fue por el lugar o por que no sabia nada de la chava con la que estuve ni siquiera su nombre.

Sexo en blanco y negro

Aquella tarde de aliento frío, adornada con un crisol de colores regalados por el sol en su huída tras las montañas, prometía ser tan anodina y solitaria como tantas tardes desde que él me dejó, sin avisar, dejando como único legado un corazón hecho añicos y un manantial de lágrimas que no dejaba de manar con su recuerdo.

El susurro de las olas del mar parecía hablarme. Contaban su felicidad junto a ella, la escasa huella que dejaron mis besos en él, lo ilusa que fui imaginando una vida juntos. Pateando conchas abandonadas en la arena recorrí la playa, sin nada que pensar, escuchando el monólogo de las olas. Sobre la roca, la que tantas veces me vio amarlo, posé mi ansiedad, oliendo su cuerpo, esperando su regreso. Un hilo de lágrimas en mi mejilla me indicó que no volvería, que encontró otro cuerpo al que amar, otros labios que besar.

Ensimismada y ausente, como la luz que ya se fue, me sentí sirena sobre la roca, oteando el horizonte marino, en espera de quien alguna vez ha de llegar. Sabía que todo era un cuento, como mi propia vida, llena de ilusiones. Contando hileras del humo azulado del cigarro que fumaba, lo vi parado frente a mí, su sombra proyectada por el haz de luz que, intermitente, lanzaba el faro que avisaba de la cercanía de la costa a las embarcaciones. Sus labios, rojos y gruesos, entreabiertos. Sus ojos fijos en mi figura. Sus manos ocultas en los bolsillos. Lentamente, levanté la mirada para posarla en la suya.

- ¿Qué quieres? - pregunté, sin apenas voz

- Nada, solo contaba tus lágrimas - su acento latino me pareció dulce, de miel, quizá.

- Son muchas, no las podrás contar todas - sonreí, aunque solo fue un gesto.

- Tengo paciencia, ¿me dejas?.

- Estoy asustada.

- Nunca hice daño a una dama - me miró intrigado y se marchó.

Su silueta se alejaba haciéndose a cada paso más pequeña. Mis ojos lo seguían, ya solo era una sombra.

- Estoy asustada - grité.

Volvió sobre sus pasos, haciendo que mi corazón se agitara. Mis manos enloquecidas acercaron otro cigarro a mis labios. Me tendió su mano inmensa. La cogí como lo hacía con mi abuelo cuando era niña para levantarme del suelo tras la caída.

- ¿Por qué lloras? - preguntó, después de un rato caminando por la arena.

- Las mujeres lloran - dije.

- Los hombres también - respondió.

Un pequeño bar, junto al paseo, una mesa orientada al mar calmado, como yo, fueron suficiente para verlo en plenitud. Hermoso, todo lo hermoso que un hombre puede llegar a ser. Su piel negra, su cuerpo esbelto y, por encima de todo, su mirada, cautivadora, elegante, me hipnotizaron por completo. Me contó su llegada a España, la inquietud de vivir en un lugar desconocido, su procedencia, su ilusión de prosperar como futbolista para retornar a su país con “plata” suficiente para construir una casa digna a sus padres. Sus palabras me parecieron sacadas de un cuento o, quizá, me introdujeron a mí en su cuento. Sacó mi risa, tanto tiempo olvidada, con su acento gracioso. Cenamos ligero, tomamos una copa y nos marchamos. Me atreví a cogerle de la mano. Caminamos largo rato hasta llegar a la entrada de mi casa.

- Aquí vivo - le dije, aún atrapada por su embrujo.

- ¿Podré verte mañana? - preguntó expectante.

- Lo estoy deseando - salió de mis labios sin apenas pensar en lo que decía.

- Hasta mañana, muñeca - bajó la cabeza para besar mi mejilla.

Un fuego abrasador se alojó en mi interior. Tiré de él hacia el interior y entramos en casa.

- No quiero que te marches - le dije con autoridad.

- No lo haré, si tú no quieres.

Me abracé a él, buscando su boca, acariciando su musculosa espalda. Sorprendido, siguió mi juego. Saboreé sus labios, lamiéndolos, mordiéndolos, loca de deseo. Quise contemplar su cuerpo desnudo, musculoso, hermoso. Un pecho de animal, esculpido en mármol, coronado por dos pezones diminutos. Abdomen como dunas del desierto. Nalgas prietas, dando paso a unos muslos brillantes, formados a golpe de deporte. Un miembro que jamás pensé que hombre alguno podría lucir. Su visión inundó mis entrañas. Pegué su espalda a la pared, como poseída por mil demonios, me arrodillé ante él y comencé a besar su pene que ya andaba a plenitud. Mi lengua, en su recorrido, recogía el latir de sus venas, talladas en su tronco. Me estaba volviendo loca, se me antojaba que la vida se me iba por entre las piernas, en forma de jugos vaginales.

Me desnudé, sin dejar de mirarlo, observando cada poro de su erizada piel. Mis muslos comenzaron a brillar, como el faro de la playa, inundados de líquidos. Mis pechos erguidos, mis pezones salían de la aureola, tensos. Mi sexo parecía cantar por los leves chasquidos que producían sus palpitaciones. Melodía de deseo. Tendido sobre la cama, su erecto pene sobrepasaba ampliamente su ombligo. Inmenso. La comisura de mis labios se tensaban hasta el límite cuando lo introducía en mi boca, que nunca llegó a tenerla en su totalidad. No pude más. Monté sobre él y dirigí su miembro a la entrada de mi vagina, que esperaba ansiosa. Su rojo glande arrancó mis gemidos cuando exploró por primera vez mi sexo. El delirio llegó con un movimiento de su cintura que alojó tan hermoso pene en mi interior. Mis ojos se nublaron, mi voz quedó muda y mi mente desapareció. No existió en el mundo nada más que su placentero pene. El mejor orgasmo que jamás sentí.

Recuperé la cordura para invertir mi posición, dejando mi húmeda vagina sobre su boca y posicionando la mía sobre su brillante pene, que no perdía su poderoso vigor. El sabor de sus testículos me hizo desearlo de nuevo. Sorber su pene, impregnado de mis propios líquidos, fue el mejor de los placeres. Cuando su lengua lamió mi abierto y mojado sexo, una fuerte sacudida agitó mi cuerpo. Un largo dedo se introdujo en mi ano, mientras su lengua continuaba con su labor de masturbación deliciosa. Estaba entregada, sumida en el deseo de su potente pene. Salió de entre mis piernas para colocarse tras de mí. Creí que destrozaría mi ano, pero no me importó, arqueé mi espalda y se lo ofrecí, ansiosa. Cogió su miembro y lo paseó por los pliegues labiales de mi vagina, recogiendo en su glande todos los líquidos posibles, que servirían para facilitar la penetración anal, que resultó suave, deliciosa. Era un maestro. Comenzó haciendo círculos, presionando delicadamente sobre mi virginal ano. Pasaron muchos minutos de preparación, hasta conseguir relajar mi agujero. Recogía una y otra vez mis jugos. Cuando los músculos de mi culo estaban relajados, se abrieron como por arte de magia. Fue penetrándome hasta que creí que llegó a mi garganta. Sus manos en mi cintura acompañaba el balanceo. Mi cabeza sobre la cama y mi mano tocando mi clítoris. Sí que estaba en el paraíso. Cuando su pene latió más acelerado en mi interior, lo sacó de mi culito para alojarlo nuevamente en mi vagina que sintió como una descarga de semen caliente me llenó por completo, agradeciendo con intensos alaridos de animal su grato regalo.

Temblando de placer, dejé caer mi cuerpo junto al suyo, saboreé unos momentos su leche y quedé profundamente dormida. La luz del amanecer y el sonido del agua cayendo sobre su cuerpo en el baño, me devolvieron a la realidad.

Lo que el gimnasio endurece

Yo sabía que en el gimnasio se desarrollaban muchos músculos, pero desde luego no esperaba que el “músculo” también fuese a ejercitarse. La vida sedentaria del estudiante había hecho efecto en mi cuerpo, había engordado un poco y me sentía algo incomodo en mi propio cuerpo, por lo que una vez me hice el ánimo, me apunté a un gimnasio, a ver si conseguía a gustarme a mí mismo. La verdad es que, para ser sincero, no me gusta demasiado ir al gimnasio. Lo encuentro aburrido, monótono, e incluso me siento observado por la gente que se pasa allí horas, que miran a los que son normales, como yo, por encima del hombro. Menos mal que en una ocasión pasó algo que me invitó a seguir yendo.

Suelo ir por las noches antes de la hora de cenar, ya que por aparte de estudiar, estoy haciendo unas prácticas, y es el único momento que puedo dedicarle a mi cuerpo. La rutina siempre es la misma. Llego, voy al vestuario, me cambio y dejo mis cosas en la taquilla. Después voy a por mi cartulina que me indica que tengo que hacer, y allí voy, a quemar calorías. Cuando termino las tareas del día, vuelvo al vestuario, me ducho, y a veces, voy unos 15 minutos al jacuzzi, y una vez recogido todo, me vuelvo a casa a descansar después de un día bastante intenso.

Pues bien, una de mis muchas noches allí, como era habitual no había prácticamente nadie, de hecho solo estaba el encargado, un hombre fuerte que nunca habla más de lo necesario, y una chica que no iba mucho, pero que era imposible que pasase desapercibida a los ojos de nadie. Se llamaba Andreina, pelo castaño, ojos marrones, y con una personalidad que junto con un cuerpo bastante atractivo, con pechos turgentes y un culito respingón, que hacía de ella una chica más que interesante. La verdad es que con ella no había cruzado más palabras que no fuesen “hola” “ciao” o alguna sonrisa de esas que se ponen para quedar bien.

Hice mis ejercicios, y una vez finalizados, me fui al vestuario, dispuesto a recompensar mi esfuerzo con una buena sesión de jacuzzi, ya que ese día le había dado muy fuerte y la verdad es que mi cuerpo estaba bastante cansado. El vestuario estaba vacío, solo estaba yo, como era habitual a esas horas, así que me desnudé, me duché para quitarme el sudor, y me encaminé a una pequeña habitación contigua donde esta el jacuzzi, donde, tras pulsar el botón de encendido, entré a disfrutar del agua caliente y de las burbujas. Me recosté y, relajado, cerré los ojos, viendo mentalmente lo que había hecho durante el día, y repasando lo que tenía que hacer el día siguiente. Ahí estaba yo sumido en mis pensamientos, del que me sacaron el sonido de unos pasos que se acercaban.

Abrí los ojos muy lentamente y ante mí había una silueta, que desde luego no era masculina. Estaba de espaldas a mí, cubriendo su cuerpo con una toalla blanca, y en un momento que se puso de perfil, vi que era Andreina. Ella al verme se sorprendió y dio un gritito de susto, pero al reconocerme se calmó, ya que aunque poco, nos conocíamos. Me pidió perdón y me explico lo que hacía allí. Por lo visto el jacuzzi del vestuario de las mujeres se había estropeado, y el encargado, pensando que yo ya me había ido, le dijo que pasara al de hombres, que no había ningún problema. Yo le dije que no pasaba nada, que si quería me iba y le dejaba tranquila, yo ya llevaba bastante rato. Pero su respuesta me dejó de piedra.

En lugar de decir algo, se quitó la toalla, dejando al descubierto un precioso cuerpo que, no voy a negar, me había imaginado alguna vez en alguna de las máquinas del gimnasio. Era de piel muy morena, con pequeños pezones marrones y su vello púbico estaba muy bien cuidado. Se metió en la bañera, y comenzó, mientras besaba mis hombros, a pasar su mano por mi pecho, en tensión por el ejercicio que había recibido, y empezó a deslizarse, primero por mis pezones y después fue lentamente hacia abajo, por mi vientre, y tras juguetear con mi vello, agarró mi miembro, que estaba en ese momento ya muy endurecido, y empezó a masajearlo, de arriba abajo, presionando a cada bajada. Yo estaba excitadísimo, y al ver su boca cerca de la mía, no pude controlarme y comencé a besarla con fuerza, acariciando yo sus pezones que bajo mi mano se iban endureciendo poco a poco. El ritmo de nuestras lenguas y de nuestras manos se aceleraban conforme la excitación iba en aumento, y nuestras manos masajeaban nuestros sexos cada vez con mas intensidad, y por tanto, con mas placer. La rodee con mis brazos, y sacándola un poco del jacuzzi, lo justo para que su rajita estuviese a la altura de mi cara, comencé a lamérsela con dulzura. Primero mi lengua se deslizaba de abajo a arriba, parándome en el clítoris de vez en cuando para juguetear con él, haciendo que girase en círculos, cosa que le hacía gozar, ya que cada vez que la lengua entraba en contacto con él, emitía pequeños gemidos de placer, que aumentaban conforme mis dedos entraban dentro de su cuerpo.

Estuve varios minutos devorando su coñito, hasta que me dijo que era suficiente. Volvió a meterse en el agua, y sumergiéndose en ella, comenzó a lamerme todo el pene, dándome una sensación como nunca antes la había tenido. Estuvo aproximadamente un minuto bajo el agua, mordisqueando la punta de mi miembro, metiéndoselo en la boca y masajeando mis testículos con su mano. Cuando salió, me preguntó si me gustaba, yo por supuesto le dije que si, así que me hizo sentarme en uno de los escalones, dejando que la “cabecita” se asomase justo por encima del agua, estando el resto cubierto. Ahí se volvió a lanzar sobre mi verga, durísima, y siguió lamiéndolo, besándolo, mordiéndolo suavemente, y yo creía que iba a morir de placer. Cuando vi que me faltaba poco, yo aun quería más así que me volví a meter con ella dentro del agua, y estuvimos un buen rato besándonos, tocándonos, descubriendo otra vez nuestros cuerpos, hasta que llegó el momento. Andreina se apoyó contra uno de los laterales del jacuzzi, y allí, separé sus piernas dejando ver bajo el agua su apertura y allí, poco a poco, comencé a entrar dentro de ella.

Una vez estuve completamente dentro, los dos lanzamos un gemido de placer, y me miró a los ojos de forma picarona, pidiéndome más y eso hice. Comencé a acelerar poco a poco, salpicando a cada movimiento. Empecé lento, pero cada vez iba más rápido, y más, el agua iba por todas partes, por lo que, para mas comodidad, abrazó mi cuerpo con sus piernas, limitándome a movimientos cortos, pero rápidos dentro de ella. Yo aunque quisiera, no podía parar. Mi miembro entraba continuamente dentro de ella, y los dos estábamos extasiados. Cuando nos quedaba poco, la abracé y con ella aun atrapándome con sus piernas, nos pusimos en el borde del jacuzzi, para poder ir aun más rápido. Ahí, ella tumbada en el suelo, y ya sin disimular su placer, noté como acababa por el calor que rápidamente empezó a envolver mi verga. Yo estaba también a punto, pero me dijo que quería hacerme acabar ella misma. Con un rápido movimiento, puso mi cosa entre sus pechos, y empezó a masajearlos, lamiendo la punta cada vez que se asomaba…no pude aguantar mucho mas, por lo que finalmente, acabé en su cuello, totalmente agotado.

Mientras nos duchábamos juntos, me confesó una cosa. Me dijo que no había ningún problema en el jacuzzi de las mujeres, pero que sabía que estaba solo, y que le producía cierto morbo desde hacía bastante tiempo, no como todas esas masas de músculos que presumían en el gimnasio de conquistas. Le agradecí su sinceridad, y, aprovechando que estaba solo en casa esa noche, vino conmigo, donde continuamos desatando toda nuestra pasión.

La casa de los espejos

La gente dice que es bueno tener amigos abogados, periodistas, policías, funcionarios, albañiles…pero no se suele decir que el mejor amigo que puede tener alguien…es un feriante. Como cada año, la feria había llegado a la ciudad, así que decidí acercarme, mas que para subirme a alguna atracción, para ir a saludar a mi amigo Paco. Paco es un chaval que yo conocí hace ya muchos años, y es el hijo del dueño de “La casa de los espejos”, ya sabéis, ese laberinto compuesto de espejos, donde no consigues salir sin haberte llevado un buen golpe, llegando a ser algo agobiante al no encontrar la salida. Y exactamente junto a la salida, estaba Paco para ayudar a aquellos que se pusiesen demasiado nerviosos.

Cuando me vio se acercó a saludarme, y tras un fuerte apretón de manos, empezamos a hablar, no le veía desde la última vez que estuvo la feria donde yo vivo. Me contó que la vida no le iba mal, tenía una novia bastante formal, y lo de la casa de los espejos le daba de comer bastante bien, así que no se podía quejar. También me dijo que el que ahora no estaba bien del todo era su padre, que ya se cansaba un poco, por lo que tenían que haber contratado a otra persona para ayudarles con el negocio. Por lo visto ahora, temporalmente, les ayudaba una chica, Marta, la hija de unos vecinos suyos que para sacarse un dinero extra ayudaba de vez en cuando al padre de Paco. Justo en ese momento, como si nos hubiera oído, se acercó una chica que resultó ser ella. Era rubia, ojos verdes, delgada, y llevaba en ese momento un mono de trabajo, algo sucio ya que había bastante polvo en el ambiente. Paco nos presentó, y me comentó que estaba empezando la carrera de Empresariales, y que mientras conseguía en la feria algo de dinero para sus gastos. Resultó ser una chica bastante simpática e interesante. Estuvimos hablando un buen rato, hasta que me tuve que ir, pero Marta me pidió que esa noche volviese, que le había caído bien, y que me dejaría pasar gratis a la atracción. Yo le di las gracias, y me fui, no sin darle vueltas a eso de que me dejaría pasar gratis… ¿Llevaba alguna segunda intención? Por supuesto no iba a quedarme con la duda.

Pasó el día, y llegó la noche, y volví a la feria. Aquello estaba lleno de gente, padres con hijos, pandillas de amigos, parejas, personas mayores, que paseaban entre las atracciones, hacían colas para subir a alguna, se tomaban algo de lo que podían comer en los distintos puestos… No cabía una aguja en un pajar. Yo me dirigí directamente a “La casa de los espejos”, y allí estaban Paco junto a la salida, su padre en la puerta controlando la entrada para que no pasase demasiada gente de golpe, y Marta dentro de la taquilla cobrando la entrada. Saludé a Paco y a su padre, que me recibió con una sonora palmada en el hombro que me dejó dolorido, y después fui a darle dos besos a Marta, que me había abierto la puerta de la taquilla y me invitó a sentarme a su lado en un pequeño taburete. Allí seguimos hablando un buen rato, entre cliente y cliente que venía a pagar su entrada. Finalmente, ya sobre la 1 de la madrugada, cada vez había menos gente. Los niños se iban a dormir, las personas mayores también, y los grupos de amigos se iban a pubs o discotecas a continuar la fiesta. Fue justo en ese momento, cuando todo empezó.

Casi sin darme cuenta, y aprovechando un momento que yo estaba mirando para otro lado donde me había parecido observar una pareja detrás de una caravana en actitud “muy cariñosa”, noté como una mano empezó a deslizarse sobre mi paquete, y una voz me susurraba al oído: “Parece que tu también los has visto…y por lo que noto también te has puesto cachondo” Ahí estaba Marta, empezando a meter su mano dentro de mi pantalón, y acariciando algo que cada vez estaba mas duro y caliente. Me dio un rápido beso, y me volvió a susurrar “Te dije que te dejaría entrar gratis ¿Qué tal si comenzamos con la visita?”. Me cogió de la mano y arrastrándome y aprovechando que el padre de Paco había ido un momento al baño, nos metimos dentro del laberinto. Fuimos avanzando hacía un sitio donde uno de los espejos tenía un pequeño picaporte, que daba a una salita, también rodeada de espejos, con una especie de colchón. Marta me comentó que lo descubrió una vez de casualidad, y que le habían explicado que aquello servía de lugar de descanso los días que hacía demasiado calor en la caravana, y era verdad que se notaba algo mas de fresco que fuera. Acto seguido me empujó sobre la colchoneta, y se bajó la cremallera del mono, que al caer, y para mi sorpresa, dejó un precioso cuerpo absolutamente desnudo.

Ante mí vi una mujer delgada, pero con unas tetitas muy atractivas y suculentas, y una matita de vello rubio que cubría su pubis. Se abalanzó sobre mí, atrapando mi cabeza entre sus piernas, y dejándome todo al alcance de la lengua…así que le agarre por las nalgas, y empecé a lamerle todo muy fuerte, que notase con intensidad mi lengua recorrer de arriba abajo toda su rajita, apretando mi cara contra ella y dejando que entrase en su interior, rozando con mi nariz su clítoris. Marta gemía y gemía, y en un rápido movimiento, se levantó y se puso de forma a hacer un 69. Mientras yo volvía a devorar todo su coñito, ella sacó mi verga del pantalón, y suavemente, comenzó a besarla, dándole primero pequeños besitos inocentes desde la punta hasta los huevos, pero de golpe se la introdujo dentro de la boca, y usando su lengua, me dio un “masaje” como nunca me habían dado hasta entonces. A la intensidad de su mamada, yo correspondía con un cunilingus mucho más rápido y fuerte, lo que hacía que Marta lanzase intensos gemidos de placer.

Así estuvimos varios minutos, hasta que por fin, pasamos a la acción. Ella se tumbó de espaldas a mí, recostada sobre un costado, para que yo pudiese abrazarla por detrás. Eso hice, agarrando en mis manos sus tetas, y atrapando con dos dedos sus pezones. Marta separó ligeramente sus piernas y yo, lentamente, me fui introduciendo en ella con cierta dificultad, que ella disfrutaba ya que al no acertar bien por la dificultad de la postura, rocé con la cabecita en mas de una ocasión su clítoris, haciéndole emitir pequeños ruiditos de placer, a la vez que me daba cariñosos besos en la mejilla. Finalmente, y una vez bien acoplado, empecé a entrar dentro de ella despacito, despacito, hasta que mi miembro había desaparecido dentro de ella. En esa postura, ella ligeramente abierta de piernas de espaldas a mí, empecé a bombearle. Despacio al principio, pero acelerando progresivamente. Ahí estábamos entregándonos al placer, yo la penetraba sin descanso, y ella también colaboraba, apretando sus músculos vaginales para sentir mejor cada movimiento.

Aquello era el paraíso, pero ella quería probar mas cosas. Se dejó caer sobre mí, e incorporándose y de espaldas sin dejar que me saliese de ella, empezó a cabalgar. Yo veía su culito moverse a cada embestida, y eso me producía una excitación enorme, por lo que yo también empecé a moverme, haciendo la penetración mucho más profunda e intensa. Se dio la vuelta y siguió cabalgando, esta vez de frente a mí, dejándose caer para besarme con mucha pasión, mezclando el placer del sexo con el placer de sentir su lengua jugar con la mía. Estábamos a punto de explotar, yo notaba mis huevos que no podían mas, y su rajita ya estaba mojadísima, por lo que no tardábamos mucho en acabar, ella tras una serie de fuertes embestidas por mi parte, y yo sobre su vello púbico, como ella me había pedido, mezclándose mi esperma con sus fluidos conforme este se iba deslizando hacía abajo.

Descansamos abrazados durante unos 15 minutos. La atracción ya había cerrado, y mientras nos volvíamos a vestir, oímos pasos en el laberinto. Salimos y ahí estaba Paco, dándose un paseo por si alguien se había perdido, y cuando nos vio, pareció muy sorprendido, pero no tardó mucho en darse cuenta de lo que había pasado, y me lanzó, sonriendo, una mirada como diciendo “Que cabrón eres” En fin, todo lo bueno se acaba, y la feria se tuvo que ir, menos mal que iba a volver el año siguiente, y yo la iba a esperar con más ganas que nunca, para volver a entrar en "La casa de los espejos".

Follando a la hija de la dueña

La historia que les contare me sucedió hace una semana, con la hija de la dueña del departamento en el que vivo. Empiezo por presentarme, soy peruano y tengo 20 años, no diré mi nombre por obvias razones. Trabajo y estudio, soy universitario por esa razón es que decidí hace unos meses rentarme un departamento; Mas bien en realidad es una casa de tres pisos y era el primer piso el cual alquilaban, el cual tiene puerta aparte y donde ahora yo vivo, pues el segundo y el tercero lo ocupa la dueña y sus hijas. Y lo interesante del asunto esta ahí, ya que la dueña tiene dos hijas, y de las dos es la menor, de nombre Lourdes, la que me excita pues a parte de ser muy simpática y tener una mirada provocativa, se maneja con un culo de diosa, unas piernas bien cuidadas y unos medianos pechos bien parados.

Todos los días salía temprano; y cuando llegaba en la noche, la veía en la puerta de su casa dándose unos abrazos y besos... con un tipo que era su enamorado, afortunado era aquel tipo, por haberla conquistado, seguro que el desgraciado ese, lo único que deseaba era esperar un tiempo para follarla, por el culo que tenia ella. No se imaginan como lo envidiaba por la chica que tenia como enamorada. Cada vez yo la deseaba mas y más, no dejaba de pensar en ella, en las veces que yo llegaba en la noche y le veía puesta unos pantalones de tela bien apretados y algunas veces traslúcidos que se dejaba ver la ropa interior que llevaba, fácil sabia de que color era. Tal vez exagero, pero de que posee un gran culo, es cierto.

Bueno seguiré contándoles, que un día domingo me tocaron la puerta casi al mediodía y al salir me sorprendí al ver a la dueña saludándome, y me dijo que el motivo por el cual me tocaba a la puerta era por que sabia que yo estoy estudiando y tendría muchos conocimientos sobre matemáticas; al decirme eso no comprendía todavía hasta que me hablo sobre su hija menor Lourdes, quien acaba de cumplir 18 años, y sé esta preparando para este año ingresar a la universidad pero que tenia deficiencias en matemáticas, especialmente en Geometría y que mejor que yo para que le ayudara con todas las dudas y problemas que ella tuviera, y que a cambio de ello me gratificaría bien, yo por dentro me puse feliz y solo atine a contestarle que no hay ningún inconveniente en ayudarle, sobre todo los domingos que estoy desocupado y si deseaba en este momento menos también y que del pago ni se preocupara, pues todos estamos para ayudarnos. La dueña al oír eso, me agradeció y me dijo que en ese momento iba a llamar a su hija para presentármela, así paso; llegue a conocer a la hija menor de la dueña, diciéndose llamar Lourdes y que tenia 18 años, yo también me presente, así nos conocimos, después de tanto tiempo de tan solo vernos de lejos sin conocernos por fin se dio esta gran oportunidad.

Luego de eso la dueña dijo que subiera al segundo piso, que ahí en la sala le ayudaría con lo que ella tenga dificultades. De inmediato salí, cerrando mi puerta y subí; ya arriba pude conocer la sala que era bien grande mientras la culona de Lourdes ponía en la mesa todo lo necesario, ella me miraba y yo le miraba parecía que algo se guardaba entre los dos; la dueña se fue adentro y nos dejaron solo, y comencé a ayudarle en los ejercicios que no entendía o no le salían, pasaba las horas y solo hablábamos sobre los ejercicios. Sin darnos cuenta, era hora de almorzar, la dueña se apareció con los platillos de comida y me invito a que les acompañara para luego continuar ayudándole a Lourdes. Acepte por que ni modo iba ya a esa hora a prepararme algo; durante almorzábamos la dueña me hablaba sobre como eran en sus tiempos la enseñanza, Lourdes y yo nos reíamos, pues no podíamos evitarlo. Al acabar de almorzar me disponía a proseguir con lo que estaba explicándole y la dueña dijo que era mejor que un rato descansáramos y le hicimos caso. Aprovechando que un rato estábamos descansando me puse a conversar con la culona de Lourdes sobre nuestras vidas, riéndonos de las cosas anecdóticas o graciosas que nos había pasado, entrando en confianza. No se como, pero terminamos hablando sobre nuestra actual situación en el amor, diciéndole que yo estaba solo y ella contando que tiene un chico que esta muy enamorado de ella igual como ella lo esta de el, yo trataba de evitar sentirme incómodo y le dije que continuáramos de una vez con los ejercicios que faltaban, así evite que se hiciera mas grande mi sufrimiento por ella. Toda la tarde explicándole los ejercicios que no le salían y no entendía, hasta que anocheció. Terminando de explicarle me despedí y me retire quedando que todos los martes en la noche como llegaba un poco mas temprano del trabajo subiría al segundo piso para seguir ayudándole con los ejercicios que no entienda.

Durante días pensaba y recordaba aquel día que la conocí, tanto así que uno de esos días soñé con ella, en el sueño había ido a buscarla en la noche para decirle que la deseaba tanto que la quería follar, y que ella aceptó, dejándome pasar y llevándome a un cuarto, desnudándonos y que luego estaba follandola... en fin todo fue un sueño, pues al despertar y al verme mojado, me hizo recordar que aquello que experimente había sido un sueño erótico. De ahí estaba mas decidido que nunca, de querer follarla algún día, especialmente por su culo, que hasta que no lograra cumplir mi sueño seguiría con esto, me hice una promesa de lograr conquistarla. Y como la perseverancia tiene sus frutos cierto día logre mi cometido. Después de ir como 5 martes seguidos a su casa a ayudarle con sus ejercicios, el sexto martes se cumplió mi sueño, todo estaba a mi favor ya que ese martes cuando llegue y subí para ayudarla, ella me abrió la puerta, y se me hizo extraño pues siempre que tocaba la que me abría era su mama, así que no dude en preguntarle ¿y tu mama?, ella respondió diciendo que había ido a la casa de su prima; ni preguntarle por su hermana mayor, ya que anteriormente me había contado que ella no para en todo el día y que llegaba en la madrugada: yo empezando a excitarme por estar los dos solos le dije que empezáramos con los ejercicios que tenga problemas, ella me dijo que ahorita regresaba que iba a traer mas hojas para resolver los ejercicios que faltan.

Yendo a traer mas hojas, de espalda veía ese rico culo bien paradito que lucia con un jean de esos que son a la cadera. Las ganas crecían, no podía aguantarme más, en ese momento me abrí el cierre del pantalón y sacando mi pieza, me la comencé a correr, no me importo que ella me sorprendiera haciéndome la paja, solo imaginaba mientras me la corría que la estaba follando; yo estaba a punto de vaciarme cuando de pronto escuche que ella se acercaba, no hice más que parar, ella al regresar a la sala me vio con el cierre abierto y con el calzoncillo sobresalido por mi bulto que estaba bien grande pero haciéndose la que no vio nada, prosiguió poniendo las hojas sobre la mesa, en ese instante cuando se puso en una pose de espaldas con ese culo bien parado acomodando las hojas no dude en aprovechar el momento para moverme rápidamente y abrazarla por detrás; haciendo eso, ella se sorprendió al verse abrazada por mí, y yo creyendo que reaccionaria mal, fue todo lo contrario, dando gemidos de placer al sentirse tocada. Dándole besos por el cuello y manoseando sus pechos le dije que la deseaba de hace bastante tiempo, que me gustaba, que me traía loco, eso a ella le excito más, contestando que hace tiempo quería que la follaran.

En medio de la sala entre besos y caricias nos comenzamos a desnudar hasta quedar con la ultima prenda; ella estaba con un calzón moradito el cual se lo quite, grande fue mi sorpresa al observar que todo su coño, estaba todo mojado, realmente estaba bastante excitada. Ella al sentirse totalmente como Dios la trajo al mundo me pidió a gritos que le chupara su coño depilado, para de paso lubricarse mas y recibir mi pieza con todo el placer. Yo agachándome me dirigí hacia su coño chupándoselo por varios minutos mientras ella entre gemidos me decía que su actual novio nunca le había chupado su coño, es mas ni siquiera le había follado, hasta que me dijo que ya era el momento de follarla que ya se sentía preparada para el gran recibimiento. Sin esperar mas, con las ganas de clavar mi pieza en su coño me pare, me quite el calzoncillo y le lleve hasta el mueble, diciéndole que ahí lo disfrutaríamos cómodamente y mejor. Sentándome en el mueble se subió encima mío abriendo las piernas, y de una sentada comenzó a cabalgar como loca; sentía como mi pieza penetraba su lubricado coño, ella en tanto me decía: “ah, ah, así, bien duro, quiero toda tu leche para mi”, para luego de unos minutos venirme dentro de su coño de Lourdes, de inmediato sentí como ella también se venia, era única esta sensación, los dos habíamos llegado al punto máximo del placer.

De inmediato nos recuperamos y continuamos follando, combinando nuestros sudores, hicimos una masa con nuestros jugos en su coño, lo que contribuyó a que nos viniéramos dos veces más; sentada y agitada encima mío, Lourdes me dijo que se sentía llena de nuestros jugos pero que quería seguir follando, luego cambiando de posición, nos levantamos chorreándole bastante jugo. Los dos parados, le hice que ahora fuera ella quien se sentara en el filo del mueble abriendo y levantando su pierna, a la vez que yo me pegaba a ella, follandola nuevamente por delante. Después de un rato, sacando mi pene de su coño para no llenárselo más, me vine, salpicando en su ombligo y pecho de Lourdes y manchando el mueble; mientras ella llego a dos orgasmos seguidos.

Sentados desnudos en el mueble, estábamos bañados en nuestros sudores y no tardaba en llegar su madre, masajeando sus firmes senos le pregunte que tal le pareció, contestando que era la segunda vez que follaba y que fue mejor que la primera. Yo luego de escuchar eso, le pregunte si le habían follado por el culo (aunque desnuda vi que lo tenia bien paradito y pegadito, quería confirmar lo que parecía) y ella contesto diciendo que nunca, que jamás había tenido una pieza por el hueco de su trasero, entonces fue que confirme lo que creía, era cierto que todavía lo tenia virgen, no dejando pasar la oportunidad de ser el primero en rompérselo, le propuse la idea de dejarse follar por el culo, ella riéndose me dijo: “si follando por el coño contigo me gusto muchísimo, imagínate las ganas que tengo de que me lo introduzcas por detrás”, otra vez mi pieza se erecto al escuchar de sus labios decir que ahora quería que se lo metiese por detrás; mirando el reloj de la sala, vi la hora que era sabiendo que pronto llegaría su madre y que nos podría encontrar en tal situación no me importo, dejando de masajearle los senos, me pare y le dije que ahora mismo le rompería el culo, que me aseguraría en ser el primero en hacerlo, que sin ello no me iría, ella contesto diciendo que era tarde, pero esa situación de que nos pudiera encontrar su madre, le parecía muy excitante, aceptando. Seguidamente se levanto y se agacho poniéndose de espaldas en cuatro, al verla en esa posición con ese culo virgen esperando que le metiera mi pieza, me acerque a ella abriéndole mas las piernas, listo para rompérselo, le dije que le iba hacer llorar por lo que se lo metería lentamente, ella contesto: “hazlo como mejor te parezca, pero llénamelo con tu leche caliente”, en fin haciendo caso a su pedido, se lo empecé a meter poco a poco, dando ella unos gritos como si le hincaran, me pedía que siguiera, que no parara en metérselo todo.

Penetrándoselo por completo, ella no paraba de gemir y decir: “ sigue papito, lo haces muy bien, ooohhh, aaahhh, ya me vengo, no pares...”, de tanto follarle nos venimos paralelamente, el hueco de su culo quedo lleno de mis jugos. Tirados quedamos en el suelo, cuando de repente se me ocurrió ver la hora, eran casi las 9 de la noche, era un hecho que su mama ya estaba por regresar, rápidamente nos paramos y nos fuimos a bañar los dos juntos, dentro del baño en la ducha Lourdes me dio una mamada que nunca olvidare.

Ya al salir del baño limpios y ella cambiada (pues yo tuve que ponerme mi misma ropa) nos dirigimos a la sala, en vez de empezar con los ejercicios tuvimos que limpiar todo lo manchado que habíamos dejado, de sus venidas y mis salpicadas en el mueble y el piso. Cuando estábamos acabando de dejar limpio todo, sonó la puerta, era su mamá, que había entrado. Al ver que estábamos limpiando el suelo, me saludo y nos pregunto que habíamos derramado, Lourdes le contestó que me había invitado una limonada helada y que bebiendo sentados en el mueble, por lo helada que estaba, goteó en el suelo. Creyendo lo que dijo su hija, su mama se retiro a su cuarto. Pasado el peligro, Lourdes me dijo que le había impresionado bastante, pues le cumplí satisfactoriamente. Yo ante tal alago, le dije que era por que entre los dos hay muy buena química, y que si ella le dejara al cornudo de su novio y estuviera conmigo aprenderíamos muchas cosas; sonriendo me dijo que lo pensaría.

Luego de todo lo experimentado con ella, le invite al cine, no se imaginan lo que sucedió después de la función, pero eso ya se los contare en otra historia.

Un invitado en casa

Este relato erótico no lo escribí yo, sino una amiga que quiso dedicármelo, y le he pedido permiso para su publicación. Por cierto, es la protagonista del relato "Un viaje memorable" os recomiendo que lo leáis. Gracias Ali, un besote!...

El fin de semana pasado estuvo de visita un amigo de mis padres, valenciano, con su mujer y uno de sus hijos. Como mi padre sabía que vendrían les invito a pasar unos días en casa ya que hay sitio de sobra. Llegaron el viernes por la tarde, un poco cansados del viaje. Aun así como yo tenía pensado salir con mis amigas por el centro a tomar algo, mi padre me pidió que animara a salir al hijo de su amigo con nosotras, para que no se quedase en casa aburrido. El se llamaba German, tenia algunos años más que yo, era un chico alto, con el pelo oscuro y ojos marrones. Le propuse que viniera con nosotras y aunque él al principio se negó porque estaba cansado y nos acabábamos de conocer al final conseguí convencerle. Nos arreglamos, cenamos algo y nos marchamos en el autobús. Por el camino hasta llegar donde había quedado con mis amigas fuimos charlando de nuestros padres y de su viaje.

Al llegar le presente a mis amigas y nos fuimos al centro de la ciudad a disfrutar de la noche. Primero en un bar donde íbamos habitualmente y en el cual habíamos quedado con unos amigos nos tomamos unos chupitos, brindando por nuestro invitado. Luego fuimos a otro a tomar unos cachis con los que ya entonamos en cuerpo y el vino se empezaba a subir a la cabeza poco a poco. La verdad es que a pesar de que estuviese cansado, él se lo estaba pasando bien y congeniamos mucho. Más tarde nos pasamos por otra zona de bares a tomar unas copas. Con las que ya estábamos bastante contentos. Mis amigas se fueron a bailar hacia otra parte del bar, mientas que yo me quede con mi nuevo amigo tranquilamente sentados, mientas bebíamos nuestra copa. Me encontraba muy a gusto hablando con él y al final nos dejamos llevar por el momento y nos enrollamos. Mis amigas al ver el panorama no se acercaron para no interrumpirnos. Al principio eran besitos inocentes hasta que no pudimos mas y nos besábamos apasionadamente, nuestras lenguas jugaban entre si y nos abrazábamos con fuerza el uno al otro. Estuvimos así durante largo rato, hasta decidí que podíamos marcharnos a otro sitio o ya ir hacia mi casa. Nos despedimos de todos y nos fuimos los dos juntos.

Estuvimos en una discoteca con tres plantas que hay por el centro para que conociese el ambiente discotequero, aunque a el no le iba mucho. Pero bueno la verdad es q nos daba igual lo que sonase de música o la gente que tuviéramos alrededor de nosotros, ya que estábamos ocupados y solo pensábamos en nosotros. El tiempo pasaba y apenas nos dábamos cuenta, hasta que decidimos que ya era tarde y debíamos volver a mi casa. Nos montamos en el taxi y durante el recorrido nos dedicábamos miradas cómplices intentando mantener la compostura ya que no era un lugar apropiado para continuar la actividad que nos había mantenido ocupados gran parte de la noche.

Llegamos a nuestro destino, pagamos y abandonamos el taxi, pero antes de entrar en casa, nos quedamos fuera hablando un rato ya que dentro no podíamos porque estamos en habitaciones distintas. Entramos nos despedimos hasta la mañana siguiente y cada uno se fue a su cuarto.

Al día siguiente nuestros padres se iban a ir temprano de excursión y no regresarían hasta la noche. Así que tendríamos el día entero y la casa para nosotros solos. Sobre las 10 y media de la mañana me desperté salí de mi habitación y comprobé que ya se habían ido todos. Así que aproveche para ir en la habitación donde dormía German y despertarle. Entre silenciosamente en la habitación... me metí en la cama con él y empecé a despertarle dándole besitos tiernos en el cuello, la orejita, los labios… hasta que abrió los ojos. Me acerque y le dije al oído - Estamos solos, ya se han marchado.- El me abrazó y comenzamos a besarnos como la noche anterior. Al cabo de un rato nos levantamos de la cama para ir a desayunar algo, vestirnos y recoger la casa. Prepare algo de comida antes de marcharnos para que al volver estuviese más o menos listo. Deje hechos unos espaguetis con gambas, una ensaladita y un poco de carne guisada. Paseamos por el pueblo donde vivo para que lo conociese y nos tomamos algo en un bar al que yo iba con mis padres de vez en cuando. Y sobre las dos y media regresábamos a casa, pusimos la mesa y calentamos la comida.

Antes de sentarme a la mesa subí a mi cuarto a ponerme cómoda. Baje al salón con un camisón granate muy provocativo, suave y cortito que dejaba ver ligeramente mis pechos entre en el encaje. El alucinó al verme así, ya que no se lo esperaba. Yo con toda normalidad comencé a comer, mientras que el parecía un poco alterado. Se levanto para ir a la cocina a por un plato que nos habíamos dejado y pude ver que se había excitado al verme ya que le delataba el bulto que se marcaba en su pantalón. Después de haber saciado el hambre, nos fuimos a tumbarnos a la cama de mis padres para ver un rato la televisión mientras nos hacia un poco la digestión.

Estando juntos descansando le dije -¿te gusta mi camisón?- a lo que el contesto con una sonrisa -¡claro!- Comenzó a acariciarme el cuello y los hombros mientras nos besábamos. Yo le tumbe boca arriba y m senté encima de él mirándole a la cara. Cogí sus manos y las puse en mi cintura, las fui trasladando hacia arriba poco a poco hasta llegar a mis pechos que estaban mas o menos tapados por la parte de encaje del camisón. Por la cara que ponía se notaba que le gustaba acariciaros. Los agarraba con sus manos, aparto la tela para dejarlos al aire y m pidió que me acercase un poco porque los quería lamer. Al estar sobre él notaba que cada vez estaba mas excitado. Después de lamerlos y besarlos durante un rato, me quito el camisón y dejo mi cuerpo prácticamente desnudo ya que solo estaba tapado por un pequeño tanga de color granate a juego. Pasaba sus manos por todo mi cuerpo, el cuello, la espalda, el ombligo… Yo comencé a quitarle la camisa mientras notaba el bulto de su pantalón entre mis piernas. Pasaba mis manos por su pecho y le daba cariñosos besitos. Seguí bajando y empecé a desabrochar sus pantalones… los empecé a bajar poco a poco hasta quitárselos y dejarle solo con los calzoncillos.

Me coloque justo encima de su bulto con las piernas abiertas y empecé a moverme lentamente encima de él. El tanga cada vez estaba más mojado por la excitación y su pene cada vez mas duro. Al final le quite el calzoncillo, pero él me tumbo en la cama y me empezó a quitar el tanga. Comenzó a pasar sus dedos por mi rajita acariciando los labios, con movimientos circulares estimulaba aun más mi clítoris y todo esto me hacia empezar a soltar algún que otro gemido Sus dedos ya mojados, resbalaban hacia dentro, entrando y saliendo de mí. Yo estaba disfrutando muchísimo pero también quería entrar en acción y participar, así que le dije que se volviera a tumbar, me volvía a colocar sobre el pero ahora entre mis piernas se encontraba su cara y delante de mis ojos su polla. Mientras el pasaba su lengua por mi coño yo comencé a acariciar con mis manos su polla que estaba durísima. La coloque entre mis pechos para frotarla con ellos una y otra vez mientas lamía la punta con mi lengua. Después la acerque a mi boca y la fui lamiendo enterita hasta poco a poco meterla en mi boca. Mientras entraba y salía de mi boca con un ritmo cada vez mas seguido mis manos acariciaban sus huevos, sus piernas… suavemente. Yo movía mis caderas sin poderlo evitar por el placer que sentía gracias a él. Incluso no pude evitarlo y me corrí, fue fantástico.

Después de ese momento tan intenso de placer y de mi recuperación me di la vuelta mirando hacia el y me coloque encima de su polla. Él la agarro y la paso suavemente por mi rajita varias veces y después fue entrando en mí. Resbalaba muy bien porque lo mojada que estaba mi vagina así que no tardo mucho en entrar toda entera. Seguidamente empezó a entrar y salir de mí mientras él tenía sus manos en mis caderas siguiendo el ritmo del movimiento de mi cuerpo. Mis pechos se movían, botaban también al ritmo y los dos gemíamos de placer. Yo le pedía más. Los movimientos cada vez eran más intensos ya que su polla cada vez entraba más deprisa y más fuerte dentro de mí. La sacó y cambiamos de postura. Me tumbo en la cama boca arriba y se puso delante de mí. Separó bastante mis piernas, pasó sus dedos por mi rajita y por el clítoris antes de volver a meterla de nuevo en mi vagina.

Volvimos a coger el movimiento, su polla entraba y salía de mi vagina y yo notaba como sus huevos golpeaban contra mí cada vez que la metía. Yo me acariciaba el clítoris y los pechos mientras el mantenía el ritmo. La respiración de ambos estaba muy acelerada y los gemidos eran prácticamente constantes. Estábamos a punto de corrernos, yo le pedí que lo hiciese dentro de mí. Así que un minuto más tarde los dos ya no podíamos más y acabamos corriéndonos a la vez entre movimientos y gemidos. Yo notaba como él explotaba dentro de mí, fue maravilloso. Después de haber saciado nuestros deseos, nos quedamos descanando juntos un rato en la cama. Como era sábado y por la noche íbamos a salir con mis amigas igual que la noche anterior me fui a bañar pero a diferencia de otros días, le invite a que vinieres conmigo. Llené la bañera, eche unas sales de baño para relajarnos y nos metimos. El entro se sentó y luego yo que me senté entre sus piernas y me recosté en su pecho a descansar. El mojaba mis pechos con el agua, los acariciaba y los pezones se ponían duros. Yo notaba en mi espalda que su pene estaba erecto de nuevo. Así nos relajamos durante un rato mientras charlábamos o hacíamos bromas.

Nos jabonamos el cuerpo el uno al otro y después soltamos el agua y nos metimos debajo de la ducha los dos para aclararnos. El deseo nos incitó de nuevo y mientras nuestros cuerpos estaban mojados, el me introdujo su pene por detrás, en mi vagina mientras, yo me agache un poco y separe ligeramente mis piernas. El agua caía sobre nosotros y al final culminé con un gran orgasmo. Para que el también acabara me agache chupe un poco su polla con mi lengua y la coloque de nuevo entre mis pechos con ese movimiento el se corrió. Nos terminamos de duchar y salimos a vestirnos.

Esa noche aunque un poco cansados salimos y la verdad no nos separamos. Pasamos un fin de semana increíble pero el se marchó con su familia el domingo por la tarde. Fue una despedida muy triste ya que después de todo lo que habíamos pasado juntos era duro estar cada uno en una ciudad de España. Pero bueno hablamos todos los días y quizás nos volvamos a ver pronto.